Mi querida Danntara:
Después de un buen tiempo regreso, bueno, dos meses, sucede hasta en las mejores familias, por qué no a nos.
Mi querida Danntara, ¿te has preguntado alguna vez por qué la mayoría de las personas odian a los malos y se enfurecen y hasta se sienten víctimas? Savater los describió como los malos y malditos en un libro homónimo que en lo personal no me pareció tan bueno como esperaba, pero, y lo cual me parece más que bueno, es que rescata a los malos y malditos de muchos de los excelentes textos de la literatura clásica.
Creo suponer que ya sabes a dónde voy. Pero no sólo voy al héroe “infantil” de moda, Harry Potter, sino a otro que me parece genial, mucho más genial, El señor de los anillos.
Ambos textos son “dura” y “cruelmente” criticados por la Santa Iglesia Católica porque se incluyen brujas, magos, y cuanta “barbaridad” ellos han “luchado” por erradicar del mundo durante [quizá] dos milenios, y sin embargo ellos utilizan demonios, infiernos y un recientemente desaparecido limbo, entre muchas otras cosas, pero de esto te hablaré en otro post.
Ahora lo que me interesa rescatar es el la idea de la maldad, o de los malos y malditos a la manera de Savater. Tanto Rowling como Tolkien, queriéndolo o no, no lo se, nunca lo han dicho, nos muestran las profundidades de los seres humanos, desde diversas perspectivas. No nos muestran personajes puramente buenos o puramente malos (claro que si se es malo creo que no se puede ser puro ¿no?), nos muestran seres atormentados, unos con buenas y otros con malas intenciones, por eso dice Savater que los buenos, en realidad no son tan buenos, porque muchas veces (no sólo una) hacen daño, aunque sea con buenas intenciones, quizá para salvar a otros, o para salvarse a si mismo. Y es que en realidad a mi me parece que la maldad está intrínseca en el ser humano (y en los seres fantásticos también). Los autores nos lo demuestran en estas dos historias (y estoy hablando de los libros, no de las películas) con sus personajes principales, Frodo Bolson (que es un personaje maravilloso en los libros, pero terriblemente desvirtuado en las películas) y Harry Potter.
Savater describe a los malos como aquellos que son malos porque quieren, que aunque podrían ser buenos, prefieren fastidiar al prójimo (lo cual podría resultar delicioso a veces ¿no?), abusar de los débiles y apoderarse de lo que les gusta sin respetar a nadie, los casos de Voldemort y Sauron ejemplifican bastante bien esto. Por otro lado están los malditos que en realidad dice Savater quisieran ser buenos pero acaban haciendo pupa porque los demás no les ayudan, les rechazan o nos les entienden, más que malos terminan siendo entonces buenos con mala suerte.
Aquí es donde entra un personaje que me ha fascinado desde el primer libro, y lo confieso lo he odiado, pero sólo porque soy una asidua lectora (aunque a veces es fascinante embriagarse y dejarse llevar por lo que tu en un momento le llamaste “dejarse llevar por el fanatismo y el consumismo puro y duro”). Vale, decía que el personaje que me encantó es el de Snape en Harry Potter, claro, y no por una cuestión de identificación (no me parece muy posible) sino por la misma complejidad del personaje, porque me parece que existen muchas personas así, más o menos sombríos, pero que son capaces de dar su propia vida por otros, o por otra en este caso, aun cuando esa otra ya no existe, eso es lo extraordinario de los malditos, reales o ficticios. Este maldito sólo amó una persona en su vida y terminó haciendo estupidez y media en nombre de ese amor, primero para conquistarla e impresionarla, luego para refugiarse del amor imposible, después para salvarla y finalmente para honrarla. Al maldito de Snape le odiamos durante siete largos libros, aunque al final del último terminamos compadeciéndonos un poco de él, su maldad se basa sobre todo en la amargura de un amor y una vida frustrados.
El otro personaje es bastante conocido (me parece), más bien conocido como Gollum en el Señor de los anillos. A este personaje no lo mueve el amor sino la ambición, la ambición de un anillo. Sin embargo, creo que despierta más simpatías convertidas en conmiseraciones, que odio o rechazo, porque es consumido por algo que está mucho más allá de él mismo. Sin embargo, la pureza de su corazón, su alma o su mente terminan siendo lo que le faltaba para poder rechazar esa ambición, pero esa misma ambición le hace ayudar (al igual que Snape) al salvador del mundo (la tierra media en este caso).
Dos cosas extraordinarias mi querida Danntara que mueven el mundo imaginario (¿será sólo el imaginario?), el amor y la ambición. En el mundo real existen otras dos que no son realmente sus equivalentes, pero son ciertos y tan presentes como ellos: el poder y la pasión. Ojalá viéramos a Bush o a Castro o a Hussein siendo las basuras que son sólo por amor…
Ciertamente, la mitad de las cosas que se hacen en el mundo tienen que ver con malos y con malditos y la otra mitad está en el “limbo” o el “King’s Cross” que existe entre los dos primeros, creo que alguna vez en la vida tenemos que escoger alguno de los tres bandos, aunque sea sólo una vez en la vida.
Por cierto. Yo nunca me había preguntado por qué odiamos a los malos (o malditos), pero me sucede seguido, cada que me embarco en un libro. Y he llegado a la conclusión de que es parte de mi naturaleza como ser humano, pero no creo que eso me haga buena, porque no es regla en mi vida tener siempre buenas intenciones, aunque tampoco es excepción, pero soy propensa a ser una de esas idiotas malditas a las que mueve el amor no la ambición, ni el poder aunque tal vez, y sólo tal vez, la pasión. Pero insisto y recalco que no podría ser como Snape. !!!oh, huyo de mi reflejo perverso!!!
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2 comentarios:
Me ha gustado este post... ya estoy preparando mi cartita...
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